El Gobierno español sigue considerando "prematuro" hablar de una posible presencia militar en Ucrania, incluso después de que Francia y el Reino Unido hayan dado el primer paso enviando equipos para evaluar esta opción. La ministra de Defensa, Margarita Robles, reiteró este jueves que la prioridad sigue siendo alcanzar un acuerdo de paz antes de plantear cualquier decisión al respecto.
Mientras Emmanuel Macron reconocía en la cumbre de París que no hay consenso entre los países europeos sobre el despliegue de tropas, España parece estar en el grupo de naciones con dificultades internas para respaldar esta medida. La falta de apoyo de los socios de izquierda del Gobierno de Pedro Sánchez complica cualquier posible intervención, ya que una decisión de este calibre debe pasar por las Cortes.
El Ejecutivo ha insistido en que el debate aún no está sobre la mesa. "La guerra sigue activa y hay muchas incógnitas sin resolver: dónde, cuándo y bajo qué bandera se realizaría un despliegue", explicó recientemente la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría. En la misma línea, Robles subrayó la necesidad de actuar con prudencia, asegurando que cualquier decisión se tomará en el marco de la Unión Europea y con el respaldo de los 27 Estados miembros.
La posición de Sánchez quedó en evidencia esta semana en el Congreso, donde compareció para abordar la estrategia de seguridad y defensa del país. Allí anunció la próxima presentación de un plan nacional en esta materia, aunque sin ofrecer detalles concretos. También se mostró partidario de impulsar la creación de un ejército europeo, pero dejó claro que su enfoque está en el desarrollo tecnológico y la industria, evitando hablar abiertamente de un aumento del gasto militar.
Sin embargo, las reacciones de sus aliados parlamentarios no tardaron en llegar. Sumar calificó de "error histórico" la estrategia de reforzar la autonomía militar de Europa a base de más inversión armamentística y volvió a insistir en la necesidad de abandonar la OTAN. Desde Podemos, Ione Belarra fue aún más dura, acusando al presidente de haberse sumado a una "carrera armamentística sin rumbo" y de presionar a otros países para que hagan lo mismo.
Otros partidos de izquierda también mostraron su rechazo. Bildu abogó por buscar soluciones diplomáticas en lugar de seguir "una vía belicista", mientras que el BNG se posicionó en contra de cualquier estrategia militarista. ERC, aunque menos tajante, defendió que la clave no está en gastar más, sino en administrar mejor los recursos. Aun así, su portavoz, Gabriel Rufián, reconoció que Europa necesita un ejército propio para evitar depender de la OTAN y de un posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
El problema para Sánchez es que, sin el respaldo de sus socios, cualquier decisión sobre el envío de tropas al exterior requeriría del apoyo del Partido Popular. La Ley de Defensa Nacional, aprobada durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, obliga a obtener el visto bueno del Parlamento para cualquier misión militar fuera de España, salvo que se realice bajo el amparo de la OTAN, algo poco probable en este caso.
A pesar de estas tensiones políticas, España no puede ser acusada de falta de compromiso en operaciones internacionales. Actualmente, las Fuerzas Armadas participan en 16 misiones en cuatro continentes con unos 3.000 efectivos desplegados en el marco de Naciones Unidas, la OTAN y la Unión Europea. Según Robles, el país seguirá cumpliendo con sus compromisos de apoyo a Ucrania, pero sin adelantarse a una decisión que aún no está tomada. "Europa debe mantenerse unida y actuar con responsabilidad", concluyó la ministra.