Lo que comenzó como una pequeña celebración de cumpleaños en el parque terminó convirtiéndose en un momento inolvidable para James, un niño que estaba a punto de soplar las velas de su pastel cuando recibió una inesperada visita.
Unos desconocidos—pocos, pero suficientes para sorprenderlo—se acercaron con una propuesta especial: cantarle "Feliz Cumpleaños".
Sin dudarlo, un adulto y tres niños, todos con chaquetas a juego, preguntaron si podían unirse a la celebración, quizá al notar que la fiesta no contaba con muchos invitados.
Cuando la canción comenzó a sonar, la emoción en el rostro de James fue evidente. Su sonrisa, tímida al principio, creció cada vez más hasta que, al terminar la última nota, el niño se levantó de un salto para chocar los cinco con sus nuevos amigos.
A veces, los gestos más simples pueden hacer que un cumpleaños sea realmente especial.